Rompiendo el ciclo
Este fin de semana salió el artículo en el que me entrevistaron sobre trastorno bipolar, con la ironía de que hablaba de estabilidad y la publicación me pilló ingresada de forma involuntaria en la planta de psiquiatría.
Mi trabajo de autoconocimiento me llevó al brote psicótico. Fue un “demasiado”. No pasé por pródromos (esas señales que te van avisando de que se acerca un brote de euforia o depresión). No fue manía: fue un brote psicótico aislado que de ninguna manera podría haber visto venir. Una lección de humildad importante frente a esta enfermedad mental que me ha tocado. Pero también un alivio.
Porque ya no tengo más traumas que resolver. He ido tan hondo, tan profundo, que he sacado toda la mierda que llevaba en el cuerpo estancada para liberarme.
El ingreso fue curioso. Los dos primeros días, muy parecidos a lo que se describe en Alguien voló sobre el nido del cuco: estaba encarcelada, literalmente. No podía comunicarme ni salir de la habitación. Mis delirios asustaban al personal y me mantenían separada del resto. Luego la situación se fue normalizando. Y déjame decirte que pocas veces he estado rodeada de personas tan generosas, sinceras, listas, sensibles… Y esto incluye tanto a los pacientes como al personal de enfermería que trabaja en esa planta.
Estuve diez días ingresada. Quería salir, pero tampoco me habría importado quedarme más tiempo. Fue una pausa. Momentos intensos de compartir con personas que luchan día a día con sus propios demonios, pero me quedo con lo bueno: con toda la generosidad que se respiraba allí.
Siempre pensé que si me hospitalizaban sería algo traumático. Para nada. Ha sido una lección de vida importante y me alegro de haberla vivido.
Ahora me toca aterrizar todas esas verdades que surgieron a raíz de una sesión de hipnosis en la que hablé con mi niña interior. Con eso, y con todo lo que emergió, pude reparar el pasado, el presente y el futuro. Romper el ciclo transgeneracional también, porque todo lo que sanas hoy no se vuelve a repetir.
No he terminado el trabajo, pero he dado un salto importante. Me siento más liviana. Como en el libro de Kundera La insoportable levedad del ser. Así me siento ahora.
Tocará bajarlo, pero me siento profundamente agradecida por esta experiencia.